Star Wars Jedi Academy C. M. Pickman Prólogo [image=http://img196.imageshack.us/img196/5277/prologou.jpg] El Renovatio se estremeció ante la tercera baterÃa de turbo láser que azotó las cubiertas de estribor, los escudos, ya debilitados tras las dos primeras baterÃas, no contuvieron la tercera oleada, el casco fue alcanzado, y gran parte de los compartimientos de esa sección estaban abiertos al vacÃo. Otro disparo en ese punto y el añejo Venator Class Star Destroyer se volverÃa chatarra espacial. Las alarmas resonaron en todas las secciones, mientras el crucero intentaba torcer a la derecha para contrarrestar el fuego enemigo. El atacante imperial, un Victory Class Star Destroyer, brillante y pálido a la luz de la estrella cercana, avanzó implacable, preparando una cuarta baterÃa de láser, una final y mortal. Tres cazas V-Wing se aproximaron amenazantes al puente del Renovatio, zumbando estridentemente en la negrura reinante. El maestro Afur los vio pasar de largo, como advertencia de su propia vulnerabilidad. YacÃa de pie, inclinado sobre los comandos del puente, los brazos tensos sobre el monitor, en el que parpadeaba la imagen holográfica del maestro Guindurú. - Lo sabÃa ? dijo la imagen azulina del maestro Guindurú ? debimos deshacernos de esta nave desde un comienzo-. Afur se mordió los labios. Era cierto, tras la Orden 66, habÃa conservado su destructor estelar republicano, y este mismo habÃa servido de estación espacial, hogar, y faro para todos los sobrevivientes Jedi de la galaxia. Era, no obstante, una nave que serÃa fácilmente reconocida en todos los rincones donde existiese civilización, y Guindurú se lo recordaba cada vez que podÃa. AsÃ, el Imperio los habÃa localizado no lejos de Iranon. Se llevo una mano a la barbilla, pensando. - ¿Daños?- preguntó. La imagen de Guindurú parpadeó una vez más, desapareciendo por más de tres segundos. - Los motores subluz están averiados, el hiperimpulsor puede funcionar, pero serÃa inútil, nos seguirÃan el rastro sin problema- respondió Guindurú. Afur frunció el ceño, reflexivo. - Es el único atisbo de luz que tenemos- dijo. El Renovatio se sacudió otra vez, y Afur casi cae. -¿Qué fue eso?- preguntó. El holograma habÃa desaparecido. La puerta del puente se abrió, y una joven jedi apareció, seguida de otro, un tanto más alto, corriendo ambos alarmados. - Nos dispara a los motores como advertencia, si vamos a huir, que sea ahora, pronto nos arrojaran capsulas de abordaje- dijo ella. Sincar, una de las maestras de esgrima del desaparecido Templo Jedi de Coruscant. Afur asintió. -¿Destino?- preguntó. El segundo jedi miró por los ventanales amplios, los V-Wing giraban allá en la lejanÃa, y se aproximaban otra vez. - Lo más lejos posible, a las estrellas más allá del brazo Siranoth- dijo Hoki Wanka, que habÃa sido maestro de uso de la fuerza, de voz profunda y casi soberbia. Afur asintió, resignado. - Que la fuerza nos acompañe-. Las estrellas de Más Allá Una vez el Renovatio dio el salto al hiperespacio, las estrellas desaparecieron a su alrededor, dejando los sistemas conocidos atrás, junto con el peligro. Afur se llevó una mano a los ojos, como dispersando un temor. Se volvió y caminó a lo largo del puente, hacia donde sus compañeros debÃan descansar. En silencio, se acercó al balcón sobre la mesa del consejo, y vio allá abajo a los pocos jedi que habÃan logrado llegar hasta su crucero? Saber, que no sólo su comando de clones los habÃa traicionado, sino enterarse de que todos los clones lo habÃan hecho con los jedi por toda la galaxia, era algo que aun, por las noches, le atormentaba. Las historias de sus compañeros a veces aparecÃan en sueños, imágenes vivas de la masacre silenciosa. Sincar habÃa sido su compañera durante muchos años, y cuando la Orden 66 fue dada, ella estaba con él a bordo del Renovatio. La Fuerza habÃa estado con ellos ese dÃa sobre Malastar. La mayorÃa de los clones a su mando, viendo que las fuerzas en tierra no eran suficientes, habÃan bajado, dejándolos solos